El público me acostumbra a preguntar de donde he sacado a estos grandes músicos y como conseguí que tocaran conmigo.
En realidad fué sencillo. Básicamente... los engañé.
Tenía la idea y el proyecto, así que sólo me faltaba aprender a afinar la guitarra y los mejores músicos de la escena. Desgraciadamente, no les interesó.
Empecé a rondar por los principales garitos de cuarta categoría de la ciudad y, tras varios intentos, localicé casualmente a un trío que acababa de ser espulsado de una boda por no llevar midi files y tocar en directo. En lo que a mí se refiere, me habían echado un par de minutos antes cuando descubrieron que no estaba en la lista de invitados.
Mis promesas de fama, fortuna y comida caliente, unidas a una botella del bourbon más caro que conseguí llevarme, calaron hondo en sus sencillas almas y nos pusimos a ensayar intensamente durante la hora y media que pudimos pagar de local.
Después de muchos intentos por fín tengo la banda que soñé: gente leal, sincera y sobre todo barata que saben entender mi mensaje y creen en Mi.
Y también creen en Fa.
Señoras y señores: Los Apóstoles del Ritmo.